Hacemos balance justo cuando volvemos a abrir las puertas

El contacto mínimo semanal con la familia ha sido clave durante el confinamiento reforzando el vínculo que ya teníamos.

Sobre lo que podemos ofrecer este verano, las familias priorizan espacios de encuentro y refuerzo escolar para sus hijos e hijas, por delante de apoyo en alimentación.

Han pasado ya 3 meses desde que cerramos las puertas de nuestros espacios para la crisis sanitaria por el coronavirus y fuimos a casa. Enseguida hicimos frente al primer golpe, asegurando el contacto con los 300 niños y jóvenes de 230 familias que veníamos atendiendo cada día. Luego nos reinventamos para seguir acompañando en la distancia y puntualmente de forma presencial en función de cada momento. Hacemos balance ahora de la respuesta que hemos dado.

Para algunas familias, el descalabro económico fue dramático e inesperado. Familia en familia y caso por caso nos hemos encontrado haciendo cosas que nunca habíamos hecho hasta ahora: repartir ayudas directas de otras instituciones, canalizar recursos hacia las familias con situaciones más urgentes, repartir alimentos, material escolar y tecnológico o hacer un aprendizaje acelerado de trámites y gestiones no tan propias de nuestro ámbito. Hemos puesto por delante cuidar al máximo la dignidad y privacidad de quien recibía estas ayudas, facilitando su autonomía y teniendo cuidado de explicarles bien qué hacíamos para evitar confundirnos con este cambio de rol.  Ha sido clave la colaboración estrecha con  otros agentes, más especializados en esta atención a necesidades básicas de urgencia.

Cuando 7 de cada 10 familias que atendemos tienen un nivel de estudios máximos de Primaria queda claro que los niños y adolescentes tendrán grandes dificultades para seguir el curso online. Facilitar dispositivos electrónicos y material escolar fue un primer paso, pero también ha hecho falta acompañar a los padres y madres y crear una base de recursos off-line para los que no se podían conectar. Nos hemos reinventado con nuevas maneras de ofrecer este apoyo, y también ha mejorado exponencialmente la comunicación con los centros educativos. Sin embargo, e incluso habiendo abierto públicamente la señal wifi en nuestros espacios, hemos constatado como 1 de cada 4 niños y adolescentes quedaban excluidos.

Habitualmente, el trabajo con niños y adolescentes era en grupo. Ahora, la atención individual ha cogido mucha más intensidad, adaptándonos a horarios y necesidades. Sobre todo en adolescentes hemos generado grupos online para dar continuidad a actividades o proyectos o reforzar contenidos comunes. En algunos casos, el contacto ha sido ciertamente difícil pues dependía de la predisposición de la familia.

Y precisamente, el contacto con las familias ha sido el aspecto clave durante el confinamiento. Ha sido como mínimo semanal y generalmente muy fluido, reforzando el vínculo que teníamos. Ha sido ciertamente muy difícil cuando este vínculo ya era débil previamente. En las situaciones más delicades  ha sido determinante una respuesta rápida y una coordinación ágil con otros agentes como la policia, servicios de mediación, psiquiatría o salud. Si bien es cierto que el confinamiento ha supuesto la oportunidad para abordar temas no tratados hasta el momento, algunas familias también lo han aprovechado para «escapar» del control en la atención y cuidado adecuadas de sus hijos e hijas. Otra dificultad constatada ha sido la invisibilidad de las situaciones de maltrato durante el confinamiento. Dado el recorrido y experiencia que llevamos -detectamos entre 25 y 30 casos cada año-,  la ausencia o detección testimonial en este tiempo es preocupante.

En clave de futuro inmediato, tenemos un montón de normativas por delante y algunos cambios en la manera de hacer como sociedad. Nos viene un verano de recuperación emocional, reconstrucción de hábitos y reconfiguración de la relación de niños, jóvenes y familias con el equipo educativo. Hemos preguntado a las 230 familias que atendemos, qué apoyo nuestro valoraban más para este verano. La gran mayoría (2 de cada 3) priorizan un espacio de encuentro y socialización en grupo por sus hijos e hijas junto con refuerzo escolar. El apoyo en la alimentación viene después.

Es tiempo de retomar el contacto físico y volver al trabajo socioeducativo con el grupo, abandonando acciones puramente asistenciales. Es tiempo de procesar los grandes aprendizajes de este periodo excepcional y prepararnos para los próximos que quizás vendrán. Se necesita una mirada abierta y flexibilidad. También permanecer al lado y seguir trabajando con objetivos claros. Mantener la flexibilidad y confianza revalidada en el equipo trabajando desde casa. Mantener alianzas y la buena coordinación con terceros que hemos ganado en este tiempo. Y especialmente, son tiempos de volver a abrir las puertas para que niños y jóvenes entren de nuevo.

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